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Ser positivo está de moda. Los estudios demuestran que mejora nuestra existencia, los psicólogos lo consideran un ingrediente imprescindible para saborear la felicidad y muchas personas corroboran que realmente logra cambiarte la vida. Pero para la gran mayoría no es tan fácil dar el salto. Dejar a un lado manías, rutinas y hábitos automatizados es una tarea complicada. Así que acabamos por desistir. Nos convencemos de que no estamos hechos para ver el lado bueno de las cosas y regresamos a nuestra zona de confort.

Por eso hoy voy a enumerar cinco pautas claras y sencillas para vivir un día desde la positividad. Nada de conceptos abstractos y bucólicos. Aquí encontraréis puntos clave que aseguran una actitud positiva a todo aquel que las lleve a cabo.

Pero antes de empezar, me gustaría aclarar que ser positivo no tiene nada que ver con distorsionar la realidad y ver todo de color de rosa. Una persona positiva también llora, grita y se frustra. Pero sabe que es algo temporal y se pone manos a la obra para que no dure demasiado porque en el fondo sabe que eso le daña y no consigue solucionar el problema. Por lo tanto, alguien positivo es más bien práctico y valiente. Decide coger el toro por los cuernos y afrontar las adversidades sin dejarse llevar por el victimismo o la tristeza crónica. Y sí, ya que está puesto prefiere mirar hacia adelante con una sonrisa en la cara y confianza en sí mismo. Dicho esto podemos empezar con la guía práctica. ¿Preparados para 24 horas de positividad?

  • Cuando te mires en el espejo por la mañana, dedícate el mejor piropo que te venga a la cabeza. “Para la edad que tengo no estoy nada mal”. “Hoy estás realmente guapo”. “Me encanta mi sonrisa”. Tú eliges. Pero eso no es todo, tienes que decirlo de manera sincera y créertelo.
  • Mi segundo consejo es simple. Sonríe. Aunque no tengas ganas ni motivos. Simplemente hazlo. A veces cometemos el error de esperar a estar felices para sonreír cuando tendría que ser todo lo contrario. El cerebro no distingue si tu gesto es falso o no y automáticamente el cuerpo genera endorfinas y serotoninas (sustancias del placer).
  • Si tienes algún conflicto, intenta afrontarlo desde la empatía. Una verdad siempre tiene dos versiones así que no te quedes solo con la tuya. Ponte en el lugar del otro y recuerda que cada uno tiene sus propios problemas y antecedentes. Nunca juzgues a nadie sin conocer el peso que carga en su espalda.
  • Dedica un momento de tu jornada a hacer algo que realmente te apasione. Puede ser ir al gimnasio, pasear con tu perro, ir a clases de baile. Lo único que importa es que, más allá del trabajo, dispongas de un tiempo propio en el que tú decidas qué te apetece hacer. Las personas eternamente ocupadas (y las otras también), pueden optar por escuchar a todo volumen una canción que les motive y les ayude a recargar fuerzas.
  • Acaba tu jornada con una de las emociones más puras y reconfortantes que existen: ser agradecido. Repasa mentalmente todas las cosas, las personas y las situaciones por las que deberías dar las gracias y recuerda lo afortunado que eres. Para rematar la jugada, visualiza los mejores momentos de tu día a modo de fotografías mentales.
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