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¿Cuándo fue la última vez que te concentraste en una sola actividad? Leer sin mirar de reojo la televisión, conversar sin tener el móvil entre las manos. No importa la acción, tendemos a ocupar nuestra mente en mil y una tareas y, al final, acabamos por no disfrutar plenamente de ninguna.

Las estadísticas calculan que nuestra media de concentración antes de que alguien o algo nos interrumpa no supera los 11 minutos. Vivir en una distracción constante pasa factura a nivel emocional con consecuencias tan nocivas como el aumento del estrés, el agobio, la ansiedad y la sensación eterna de falta de tiempo.

Por fortuna existen técnicas que nos ayudan a paliar estos efectos situándonos en el momento presente y ejercitando nuestra atrofiada atención consciente. Una de las más conocidas es la llamada MindFulness y tiene sus raíces en la meditación budista. Esta práctica se ha popularizado en Occidente desde hace pocas décadas pero sus potentes beneficios han conseguido que ya se aplique en diferentes ramas de la medicina y psicología.

El objetivo principal del MindFulness es situarnos en lo que sucede aquí y ahora desde una perspectiva neutral. Sin juzgar, sin sufrir, sin ir más allá. De esta manera nos convertimos en testigos de nuestra propia existencia a través de un sentimiento de paz y aceptación. A continuación os propongo algunos de mis ejercicios preferidos de esta técnica aptos para principiantes y fáciles de adaptar a nuestra rutina.

Ejercicio 1: Focaliza la atención en tu respiración durante un minuto sin permitir que tu mente se despiste. Inspira y espira de manera consciente con tu vientre, sintiendo cómo entra el aire por tu nariz y sale por tu boca.

Ejercicio 2: Aprovecha la hora de la comida para practicar MindFulness. Utiliza tus cinco sentidos para disfrutar de cada objeto y alimento que haya encima de la mesa. Sírvete tu bebida preferida mientras te deleitas con el armonioso sonido del líquido acumulándose en el vaso. Siente el peso y el tacto del tenedor entre tus manos y paladea sin prisa cada alimento que te lleves a la boca.

Ejercicio 3: Elige un objeto o, mejor aún, un elemento de la naturaleza como una planta o una flor. Observa cada detalle con calma, aprecia su textura y dedícale tu atención plena al menos durante un minuto.

Con estas pautas ya no tienes excusas para practicar la atención consciente. ¿Te sumas a la experiencia Mindfulness?

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