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Todo empezó con un reportaje que aseguraba que nos quejamos una media de 20 veces al día. Cuando lo leí, me sorprendió tanto que no pude evitar hacer mis cálculos. Si excluimos las ocho horas de sueño, al cabo del día nos quejamos más de una vez por hora. ¿Cómo es posible que dediquemos tanto tiempo a una cosa tan poco productiva como quejarnos? Con el propósito de encontrar la respuesta a esta pregunta y la esperanza de no estar dentro de la media que pronosticaba el reportaje, decidí analizar la presencia de la queja en mi vida.

Me puse una goma de pelo en la muñeca izquierda y me propuse cambiarla de brazo cada vez que me quejara. De eso hace mucho tiempo pero recuerdo perfectamente que lo primero que pensé fue que lamentablemente entraba dentro de la media. A veces eran críticas claras, otras simples onomatopeyas o, incluso, frases victimistas que escondían quejas. Pero todas provocaban el mismo efecto en mi interior: rabia, enfado, frustración. Y al final ya no importaba el motivo de la queja, sino el estado de ánimo en el que me sumía afrontar la vida desde una perspectiva negativa y, sobre todo, pasiva.

Y es que al quejarnos nuestra mente focaliza toda su atención en las cosas malas que suceden, sus posibles culpables y las consecuencias nefastas que conllevan. El hecho de darle vueltas a estos tres factores nos sumerge en un agujero negro cada vez más profundo desde el que perdemos la perspectiva real de la situación. Quiero dejar claro que quejarse en sí no es malo, funciona como una alarma para reconocer que algo no va bien. Y para qué engañarnos, también es una reacción humana e incluso necesaria siempre que se emplee en su justa medida.

La queja se torna tóxica cuando se convierte en un hábito inútil que se limita a señalar el problema sin intentar remediarlo. Pero existe una fórmula que transforma la frecuencia negativa que transmite una queja en una oportunidad de crecimiento personal. Simplemente tenemos que elegir entre estas dos opciones: eliminar de raíz ese pensamiento o utilizarlo como el punto de partida hacia una posible solución.

Recuerda que cada pensamiento nos construye por dentro y nos define por fuera. ¿De verdad vas a seguir quejándote?

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