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No te dejes engañar por San Valentín. El amor es mucho más que cajas de bombones y cenas románticas. El amor está en todas partes, es el principio y el fin. ¿No me crees? Compruébalo. Echa un vistazo a tu alrededor e identifica la presencia de este sentimiento. Tú mismo eres el resultado del amor de tus padres y cada objeto existe gracias al amor de su inventor.

Por lo tanto, es evidente la trascendencia de este sentimiento en nuestras vidas y, sin embargo, nadie nos enseña a amar. A una persona, un animal, una planta. El receptor es indiferente, lo importante son las herramientas que empleamos para expresarlo. Amor no es posesión ni sufrimiento, más bien se asemeja a la felicidad, la libertad y el respeto. Sí, ya sé que eso no es lo que habías entendido. Que en la mayoría de películas comerciales, el verdadero amor llega después de muchas lágrimas y esfuerzos desgarradores y que cuanto más cuesta, más bonito parece.

Pero no te lo creas demasiado, es otra artimaña de la sociedad y sus falsos estereotipos que acaban hiriendo almas. Como también sucede con la idea de buscar la media naranja, dando a entender que nacemos incompletos y que necesitamos la presencia de otras personas para alcanzar la identidad plena. Y no. El amor está muy por encima de eso, no persigue una meta ni la necesita, se conforma con estar y sentir.

Como decía Buda, si amas una flor no la arrancarás para llevarla contigo, la regarás cada día para verla crecer. No encuentro una mejor manera de definir el buen amor, ese que bajo mi punto de vista se debería enseñar en casa, reforzar en la escuela y practicar en la calle.

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