Begoña Ruiz

Dormir a la intemperie pero con seguridad y glamour es posible. Alojarse en una habitación burbuja es una experiencia exclusiva para la que, en España, hay que desplazarse hasta un apartado municipio de Cornellà de Terri, entre Banyoles i Girona. Un espacio en plena naturaleza y donde las estrellas son más visibles. Éste es el único hotel burbuja en España y, de momento, no se prevé que le salga competencia. A pesar de ello, el negocio marcha, y muy bien. Acualmente el establecimiento tiene 7 habitaciones burbuja aunque ya planea la instalación de nuevas bubble rooms. Si queréis probar esta experiencia en fin de semana tendréis que hacerlo dentro de un año y con reserva previa porque está COMPLETO.

La habitación es una enorme burbuja de plástico y, en ocasiones, dos de ellas o más acopladas modularmente que permiten separar el lavabo, del comedor y de la habitación. Algunas son transparentes por completo y otras sólo la mitad superior. Una bubble room es el sueño de todo voyeur hecho realidad. Pero, tranquilos, no hay de qué preocuparse. La intimidad está garantizada. Las burbujas se sitúan estratégicamente en el terreno y con cuidados elementos de separación para impedir que nadie vea lo que pasa dentro.

En esta aventura, tuvimos el placer de probar la burbuja de gama más alta. Tras un amable recibimiento con copita incluida, nos alojamos en la Gran Suite Estelar, la Spica Bubble (la burbuja más equipada y más cara de Mil Estrelles La Bastida). Si el resto de burbujas se ubican sobre el mismo terreno de la finca, en este caso se trata de una pequeña construcción-apartamento con comedor, jardín y lavabo y una escalera de caracol que sube hacia la planta superior donde se ubica habitación, es decir, la burbuja en sí. Alojarse en esta bubble cuesta 166 euros la noche en temporada alta (verano, Semana Santa, Navidad, fines de semana, festivos y vigilias), según las tarifas propuestas para 2016. Pero si vamos cortos de dinero y reservamos una sola noche hay que abonar un suplemento de 15 euros por mantenimiento. Dormir en estas habitaciones la noche de fin de año o en Navidad pude suponer otros 100 o 50 euros extra respectivamente. Es una experiencia única, y la exclusividad se paga.

Pero si no te lo puedes permitir, no te preocupes. Para aquellos bolsillos más apretados, existen las burbujas más modestas, la Bubble Suite Casiopea, donde dormir en martes o miércoles de temporada baja puede costar 116 euros por noche. Es una burbuja más sencilla, que no tiene ducha y que está depositada directamente sobre la tierra. Pero la experiencia es la misma.

¿Quien no desea dormir bajo un techo transparente viendo las estrellas, en pleno contacto con la naturaleza y en un entorno ideal con todas las comodidades? Esto es glamping, o lo que es lo mismo, camping con glamour y, por eso en ninguna de las burbujas se permite el acceso a niños ni a mascotas, para evitar ruidos y molestias durante una estancia que pretende ser única.

Múltiples actividades

Se trata de desconectar. Sólo un televisor existe en todo el complejo de Mil Estrelles La Bastida y está situado en la sala de estar de la masía donde donde también hay habitaciones tradicionales y donde se sirven los desayunos y se ofrecen algunos otros servicios para los clientes de las burbujas.  La idea es relajarse en un lugar único lejos del ruido y el estrés. Por eso, no hay televisor, pero sí jacuzzi, sauna infrarrojos, flotarium, servicio de masajes para dos por 70 euros o renting de 2 bicicletas para pasear durante 2 horas por 20 euros. Además, las burbujas están completamente equipadas con climatizadores y calefactores para conseguir la temperatura ideal, luz ténue para lograr un buen ambiente, hilo musical y, en el caso de la Spica Bubble, una gran chimenea de leña. En la web de Mil Estrelles también existen packs con alojamiento, cena, desayuno y alguna actividad que pueden parecer interesantes, aunque… ¡ojo! Algunos solos se pueden utilizar en temporada baja los martes y miércoles.

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En Mil Estrelles La Bastida, el check in se realiza a las 16.00 horas y el chek out a las 12 del día siguiente. Un handicap los días de otoño e invierno en los que anochece antes y queda poco margen para hacer una salida en bici por los alrededores, una escapada al Llac de Banyoles, para perderse por Girona o realizar cualquier otra actividad en el entorno.

Durante nuestra estancia en Mil Estrelles, de entre todas las actividades, disfrutamos de una sesión de flotarium. Se trata de un pequeño baño privado con agua caliente y  altos niveles de sal que te hacen flotar, mienras escuchas música y te relajas. Un espacio un tanto reducido para los que tengan claustrofobia y una experiencia que algunos pueden considerar un tanto cara (60 euros/hora).

Tras el baño, para reponer fuerzas, el servicio llamó a la puerta de nuestra burbuja. A las nueve en punto, nos montaron una pequeña mesa al lado de la ventana. Siete platos exquisitos y tres postres acompañados de un buen vino. El trato, excelente. Y tras la cena, silencio total en la burbuja, privacidad y ESTRELLAS. Para verlas mejor, se alquilan telescopios.

Al amanecer, el sol y el calor sobre el plástico de la burbuja puede despertarte temprano, aunque las bubble rooms van equipadas con un sistema electrónico que baja y sube una especie de toldo para evitar la entrada directa del sol. Después de esta experiencia, un buen desayuno en la masía con productos de la zona de primera calidad y un trato excelente nos despidieron en Mil Estrelles, esperando poder regresar algún día.

Aunque en España es el único hotel de estas características, a quien no le guste la comarca del Pla de l’Estany también se puede escapar al país vecino para vivir esta experiencia. En Francia existen varios hoteles repartidos por el territorio donde dormir en una burbuja es posible. Los precios son similares.

¡ATRÉVETE!

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